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martes, 8 de diciembre de 2015

¿Aún crees que los autos antiguos estaban mejor hechos? Prepárate a cambiar de opinión

Hace años se pensaba que un auto debía ser “como un tanque” para ser más seguro en caso de accidente. Es decir, que en caso de impacto severo lo mejor era que el vehículo fuera muy rígido, apenas se deformara, y resistiera el golpe muy bien sin apenas sufrir daños aparentes. Eso es cosa del pasado.

Así vendrían a ser los coches de hace 50 o 60 años, muchas personas incluso dicen: “aquellos coches que sí que eran de verdad y no como los de ahora que son de juguete”, porque estaban hechos con chapa de acero muy gruesa y eran coches “muy duros”.
Pero todo evoluciona, como es lógico. Con el tiempo, los coches tenían que hacerse más ligeros, para consumir menos, ser más potentes, y también para utilizar menos material y resultar más económicos de fabricar y más baratos de comprar.
Así los coches de hace 30 o 40 años eran de chapa de acero más delgada… pero tenían un inconveniente muy grave: eran menos rígidos y en caso de accidente se deformaban muchísimo y se convertían “en latas de sardinas” donde los ocupantes solían quedarse atrapados dentro de un amasijo de acero, o incluso situaciones peores.


En aquella época, pensemos en los años 80, en general los argumentos de venta de un coche eran su diseño, su potencia, su comodidad o su espacio.
Pero eso no era suficiente. No podíamos seguir así. Lo que necesitábamos era que todos los coches, desde los más económicos, fueran lo más seguros posible, y que todo el mundo pudiera comprar un coche que protegiera mejor su vida.

Zonas deformables y habitáculo indeformable: esa es la clave


Cuando un vehículo impacta contra otro objeto, toda la energía que ha adquirido (energía cinética debida a la velocidad que llevaba al moverse) debe transferirse bruscamente. Pensemos en un auto que se mueve a 50 km/h y choca contra un muro. En un instante su velocidad pasa de 50 a 0. Eso implica una desaceleración muy elevada, puesto que esta es la variación de la velocidad en un determinado tiempo (un tiempo que son solo unas décimas de segundo).
Toda esa desaceleración se traduce en una fuerza, tanto mayor cuanto mayor sea la desaceleración, y a su vez tanto mayor cuanto mayor sea la velocidad que llevaba el automóvil en el instante del impacto. Así es como se transfiere toda esa energía cinética adquirida, en forma de esfuerzo que se traslada al propio vehículo y a sus ocupantes, y que provoca consecuencias graves.

Del buen diseño del automóvil depende quién notará más esos esfuerzos. Si el auto es muy rígido y duro transmitirá toda la fuerza a los ocupantes. Las partes más vulnerables, como el pecho, y los órganos internos, así como el cuello y la cabeza (y también el cerebro), son los que sufrirán toda la desaceleración y esfuerzo asociado. Cuanto mayores sean estos, mayores y más graves serán las lesiones que sufrirán.
Por contra si el coche es muy poco rígido y muy poco resistente, será este el que sufra las consecuencias de la desaceleración y del esfuerzo asociado, y se deformará, se romperá y se aplastará como un acordeón. Si el vehículo no estuviera ocupado por personas no sería preocupante, pero como van a ir personas dentro, las consecuencias serían nefastas: el amasijo de acero y piezas del coche aplastará a los ocupantes, que también sufrirán lesiones muy graves.
Así que después de muchas pruebas de choque, de ingeniería, de física y de resistencia de materiales, nos hemos dado cuenta de que la solución es combinar en el coche zonas deformables primero y zonas indeformables después.
Por una parte hay que disponer zonas de deformabilidad programada que permitan absorber la energía del choque, reduciendo la desaceleración que se experimenta, y reduciendo la fuerza que llegará a los ocupantes. De este modo la sacudida y deceleración bruscas que se van a experimentar llegan mitigadas y “amortiguadas” a los ocupantes, para reducir la severidad de las consecuencias y de las lesiones que se podrían producir.
Por otra parte hay que concebir una carrocería que sea muy resistente y rígida, para intentar garantizar un habitáculo lo más indeformable posible, de modo que no se reduzca el espacio vital que necesitan sus ocupantes, ni invadan el interior estructuras que puedan causar lesiones, y que el coche no se convierta en una “lata de sardinas”.
Esta sería la jaula del habitáculo, formada por los pilares A, arco del techo, pilar C, larguero inferior y pilar B, así como la plataforma y vigas transversales, que tienen que ser muy rígidas, duras y resistentes.
Todo esto se complementa además con otros sistemas como los airbags de diferentes tipos, colchones de aire que se interponen entre las partes rígidas de la carrocería y los ocupantes, para amortiguar aún más la violencia del accidente y que elementos duros no golpeen a los ocupantes.
O también con cinturones de seguridad con pretensores y limitadores de sobre-esfuerzo, que se tensan mucho y muy rápido para retener rápidamente a la persona, pero que inmediatamente después liberan su presión para no aplastar el tórax ni provocar lesiones internas (entre otras muchas cosas que darían para otro largo artículo).
Así que sí: si el cofre de tu coche se arruga y dobla, y a la vez el habitáculo no se deforma ni un centímetro, es que tu auto está bien hecho (y sí, por si aún hay duda, sí, los coches de hoy en día son más seguros que los de hace 20 o 30 años).

Fuente: circulaseguro.com | http://bit.ly/1TzNp0m

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